miércoles, 19 de agosto de 2009

¿CEOE? CUATRO PERROS Y ALGÚN GATO

Publicado en Público el 2 de agosto de 2009, por Luis Sepúlveda

Tengo dos perros cuyo contrato los compromete a cuidar la casa, no jorobar al gato y a ser simpáticos con las visitas. Mi obligación con ellos consiste en darles de comer dos veces al día. Hasta aquí, bien, pero llegó la crisis y, aunque no me importan los efectos que pueda tener en mi economía ya que la hucha la tengo en un paraíso fiscal, se me ocurrió que era un buen argumento para tener más, en ningún caso para ahorrar sino para tener más, y los convoqué en el jardín. Empecé diciendo que las cosas estaban mal, muy mal, y que a partir de ese momento empezaríamos a aplicar, de común acuerdo, una serie de medidas denominadas flexibilidad alimenticia, que básicamente consistían en que yo les daría de comer un día sí y otro no, y ellos, por su parte, acudirían a comer un día sí y otro no. Esto, como se ve, aseguraba un sacrificio simétrico, ambas partes cedíamos algo para salir de la crisis. Luego llamé al gato, cuyo contrato lo obliga a mantener la casa libre de ratones, a no jorobar a los perros y a no rasguñar a las visitas. Tras definirle los terribles efectos de la crisis, le anuncié que a partir de ese día aplicaríamos, de común acuerdo, medidas de flexibilidad alimenticia y escatológica. Yo le daría pienso un día sí y otro no, él se acercaría a su platito celeste un día sí y otro no, le limpiaría la caja de gravilla donde caga un día sí y otro no, y él cagaría con una frecuencia simétrica y acorde con las medidas. Al poco rato y mientras yo encendía una velita al retrato de Milton Friedman, vi a los dos perros y al gato sentados en el jardín. Ninguno jorobaba al otro. Un perro alzaba una pata, ladraba algo, luego el gato hacía lo mismo y maullaba enérgicamente, enseguida el otro perro intervenía de manera enfática, y así, hasta que dieron por finalizada la asamblea. Los cacos empezaron a asaltar mi casa y los ratones la alacena una noche sí y otra no, coincidiendo de manera simétrica con las medidas de flexibilidad alimenticia, pero, extrañamente, los perros seguían siendo simpáticos con las visitas y el gato no rasguñaba a nadie. Tras meditar mucho, llegué a la conclusión de que tanto los perros como el gato son una banda de sindicalistas retrógrados y piqueteros.